El viaje.
Ya es demasiado tarde, no alcanzo a ver el reloj, ¿Qué hora es?, parecen ser las cuatro y media de la mañana, me parece casi imposible saber que solo te vea en fotografía. Alcanzo a percibir en el retrato lo lejano de tu mirada, tus ojos café claros, brillantes, no por la luz de la sala, si no más bien por la naturaleza tierna de tu mirada, siempre fuiste muy especial con el maquillaje de tus ojos, ese azul cielo con tintes de claridad siempre me gusto de ti. Debajo, tu nariz afilada, la porción más lejana: delgada como cuchillo para pan. Siempre tuviste un don especial para el reconocimiento de los olores, recuerdo el día que notaste en mi chamarra el tenue aroma del perfume de mi madre a pesar que tenia varios días que la había visitado. Que bonitos labios tienes, en todas las fotos te muestras mordiéndote el labio inferior, ¿siempre estabas nerviosa?, sin embargo hoy creo que es un signo de sensualidad propio de tu alma.
Aquel día de la reunión en casa de Máximo, fue la primera vez que entraste a mi vida, lo primero que observe en ti fue el don divino de mover tu cuerpo con mesura al compás de los ritmos cubanos parecías dueña del instante, esa sonrisa grande y brillante era capaz de conquistar lo corazones mas duros. Eres hermosa. Después de varios tragos de daikiri salimos a tomar el fresco, tras un breve charla sin un tema en especifico, nos miramos y nos fuimos acercando poco a poco, con la extraña sensación de viejos conocidos, hasta el momento que pude sentir lo suave de tu boca, y después, el sabor a “mint” de tus labios, ¿Cuánto duro el beso?, fue para mi un instante tan breve pero lleno de magia. Abrí mis ojos y al verte reflejabas un rostro de tranquilidad, me invadió el temor y la incertidumbre de saber que estabas pensando, ¡eso si!, no puedes decir que no se besar.
A los nueve meses de novios puedo recordar el primer apartamento que alquilamos, era demasiado grande y apenas teníamos muebles para una habitación, todas las noches nos sentábamos en el piso de duela de la sala que quedaba frente a la cocina y nos poníamos a cenar tu especialidad: huevos revueltos con jamón. Eran días interminables los cuales generaban en mi una felicidad desbordante que nunca había sentido, la felicidad se respiraba en cada centímetro de la casa la cual estaba llena de pinturas hechas por ti. Una de tus mejores pinturas fue la que decidiste titular “aromas del corazón”, todavía la observo y logro ver en ella una carta de amor y sentimiento eterno, como si fuera la viva imagen de los mejores momentos de nuestra relación. Fue sorprendente que tu creatividad y buen sentido artístico fuera reconocido en tan poco tiempo, tu maestro, el pintor José Elías Garibay, fue el que inicio los planes de tu viaje. Abigail espero que estés lista para este viaje, claro, ya prepare todo, ¿ya hablaste con tu novio?, si el día de ayer, ¿y como lo tomo?, pues la verdad me aterro su serenidad, ¿le comentaste cuanto tiempo te vas a ir?, cuando se lo comente nada mas cambio su rostro a una expresión de tristeza, eso no importa Abi lo que debes pensar es que esta es tu oportunidad de entrar a las grandes ligas.
Toda la semana estuviste arreglando tus cosas para tu gran viaje, compraste ropa de diversos colores y formas, oye Abi ¿ese no es un traje de baño muy pequeño?, no seas tontito es la moda actual, no me parece tanto, ándale ya no digas esas cosas y ayúdame. El fin de semana fuimos con tus padres para despedirte de ellos, como siempre tu padre no dejo de ver su periódico y hablaba entre dientes (nunca acepto que te dedicaras a la pintura), sin embargo tu madre nos recibió con una calida sonrisa y un abrazo lleno de buenos sentimientos. Pasamos a la sala y nos ofreció algo de beber: Emilio, ¿quieres un vaso de agua de horchata? O prefieres un tequilita, gracias señora le acepto el vaso de horchata. Tú mama y tu se fueron a la cocina a preparar un aperitivo y yo me quede con tu padre en la sala, solo escuchando los sonidos del silencio. ¿Cómo has estado Abigail? Cuéntame mas de tu viaje, mama ya te dije todo lo del viaje no hay mas que decir, pobre de Emilio se va a quedar solito, no sigas con eso mama que de por si Emilio se siente mal ¿yo no se por que?
¡Sorpresa!, debiste ver tu cara cuando viste a todas nuestras amistades en el apartamento para celebrar tu viaje, ¿Cómo hiciste esto Emilio?, ¡nada mas así! Me puse a hablarle a todos tus amigos y les dije que vinieran para celebrar tu éxito, gracias eres genial. Toda la noche estuviste bailando, apenas me hablaste para preguntarme si había hielos, claro que entendí la situación y pensé que ese abandono se debía a la emoción de tu reunión, termino bastante tarde la fiesta y te quedaste dormida en un pequeño camastro que colocamos al final de la sala, apenas te daba la luz. Nos despertamos cerca de las doce del día, desayunamos y nos aseamos en el pequeño baño color azul que decoraste, ese día leíste toda la tarde y yo decide entonces salir a dar un paseo a la plaza que se encontraba a pocas cuadras de la casa. Por la noche no quisiste cenar, te recostaste un rato sobre la cama y acariciabas a tu oso de peluche color café, de texturas suaves y ojos felices el cual te había regalado tu amigo Esteban hacia unos meses, en ese momento decidiste hablarle para saludarlo, al final de la charla acordaron de verse al otro día en el café “gourmet” que se encontraba en el centro de la ciudad. Pasaste toda la tarde esperando sentada en el lobby del café, nunca llego Esteban.
Duerme ya amor, no tengo sueño, pero debes descansar mañana sales de viaje, por favor déjame en paz, como tu digas. Esa noche tuve un sueño muy extraño, soñé que me encontraba en un barco de color blanco y tu estabas allí, sentada tomando el sol, recuerdo que yo me acercaba a ti y trataba de hablar contigo pero justo en ese momento se soltó un fuerte ventarrón que pasaba entre nosotros, era tan fuerte que impedía que me escucharas.
Era sábado cuando los dos fuimos al aeropuerto, yo llevaba tus maletas, las cuales eran dos pequeñas mochilas que no pesaban mucho, caminabas a prisa: apúrate que no voy a llegar, calma amor el vuelo sale dentro de dos horas, pero tú sabes como es lenta la recepción del equipaje. Apenas tuve tiempo de comprarte un café y una revista para el camino, platicamos unos cuantos minutos acerca del clima. Esta bien, es hora, sabes que te amo mucho Abigail, yo también te quiero, no te preocupes se pasara rápido este tiempo, no creo me vas a hacer mucha falta, ¡ya me voy!, dale de comer a mis peces, adiós Abi.
Ya casi amanece y no puedo despegar mi mirada y mi mente de tu retrato, estoy tan cerca de ti que puedo besarte de nuevo. Tiene dos días que no puedo hablar contigo, no contestas tu teléfono y mi alma se muere por saber de ti. Me levanto de la cama y me dirijo hacia la cocina, me preparo un sándwich pero no tengo hambre, siento el estomago como si mil batallas hubieran pasado por el, al revisar el periódico que esta en cima de un banco que tenemos en la cocina descubro el teléfono de Esteban anotado en la orilla de una servilleta. Tengo que hablarle a lo mejor el sabe algo de Abigail, levanto el teléfono y marco su número, apenas puedo distinguir los números: se encuentran borrosos. ¿Bueno, quien habla?, que tal habla Emilio amigo de Esteban ¿me lo puede comunicar?, no va a ser posible joven, el se encuentra de viaje.
FIN.
autor Daniel Molina N.

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